No, no se trata de ninguna media de jugar a futbol, ni del panty de ninguna chica.
Hoy os voy a hablar de la gran experiencia que pude vivir el pasado domingo en la Media Maratón Valdehuncar Navalmoral.
Antes que nada, de buen nacidos, AGRADECER, si en mayúsculas, el maravilloso trato que me han dispensado los FONDISTAS MORALOS. Me sentí uno más de vuestro grupo, sois fabulosos, y tenéis un club modélico en el aspecto humano. No puedo opinar de lo demás por desconocimiento, pero no me cabe la menor duda de que institucionalmente funcionáis también de maravilla.
Ahora la carrera. Mi buen amigo y mejor persona Pedro Morales llevaba un tiempo animándome a realizarla. Yo nunca he sido fondista, lo mío es y ha sido siempre la velocidad. En mi cabeza rondaban las palabras de estimulo de Pedro, y este verano en Matalascañas tome la decisión. Allí, que es donde realizo mi “pretemporada” en mi periodo vacacional, suelo salir a correr casi todas las mañanas por el paseo marítimo. No hacía más de treinta o cuarenta minutos, pero este año alentado por el reto decidí probar y aumentar paulatinamente el tiempo y en consecuencia la distancia. Al finalizar el verano daba la vuelta entera a la playa, alrededor de once kilómetros, en un tiempo aproximado de una hora y una media de cuatro días a la semana. Cuando llegue a Navalmoral y se lo conté a Pedro me dijo que estaba sobrado para hacerla.
Continúe con mi preparación aquí en Navalmoral, compaginándola con mis otros vicios deportivos, que la mayoría ya conocéis, el tenis y el futbol. El camino de Talayuela, partiendo desde la puerta del club de tenis, ha sido mi pista de entrenamiento, la mía y la de otros muchos conocidos con los que después he coincidido en carrera.
La semana que no tenia partido durante el finde, salía tempranito el domingo, llegaba a la “Marquesa” y regresaba por una senda diferente y un poco más larga de la que llevaba en la ida, quince Kilómetros aproximadamente. Los lunes también solía y suelo hacer algo de fondo, ocho o diez kilómetros, dependiendo del día y la intensidad del partido disputado durante el fin de semana. El resto de la semana completaba mi agenda deportiva con el tenis y el futbol sala.
Conforme se aproximaba la fecha de la prueba mis estados de ánimos sufrían variaciones. A veces me sentía muy capaz de superar la prueba, otras veces sentía miedo a desfondarme y tener que abandonar y otras me sentía muy nervioso y deseoso de que llegara el día.
Y llego, decidí no forzar mucho la semana anterior a la prueba. El lunes hice quince, el martes algo de tenis, el miércoles hice ocho y a descansar. Al menos eso creía yo. DM jugaba el sábado, contra Jaraíz, y teníamos algunas bajas. Yo no quería jugar, pero comente a los miembros del grupo que priorizaría si fuese necesario, y jugaría si hacia lo creía oportuno Rubén, nuestro míster. El partido era durísimo, y Rubén sobre el minuto veinte creyó necesario contar conmigo. Del partido ya he hablado, solo diré que dispute aproximadamente sesenta minutos. Y digo bien, dispute, porque el alto nivel de exigencia al que nos sometía el buen equipo verato lo requería, no podía esconderme.
Con la alegría en el cuerpo por la victoria, acudi a la cena del equipo. En ella procure cuidarme todo lo posible. No bebí mucho alcohol y comí bien pero con moderación. El problema no fue la cena ni la pos cena, el problema fue que cuando me levante de la mesa, tras pasar una velada magnifica con el grupo, tenía la rodilla inflamada. Me marche tempranito para casa dejándolos a todos quemando Navalmoral, con la esperanza de que la cama aliviara mi rodilla.
Dormí regular, los nervios de mi primera prueba de fondo y el dolor de la rodilla no me permitieron descansar adecuadamente. Cuando me levante casi no podía doblar la pierna, creo que cualquier otro en mi lugar quizás no habría disputado la prueba, mientras hacia el zumo meditaba que hacer. Como conozco mi capacidad de sufrimiento y, tras cincuenta años haciendo deporte, conozco mi cuerpo perfectamente, opte por embadurne la rodilla de Voltaren, colocarme una rodillera y tras el preceptivo Espidifen irme a tomar el café y al nuevo pabellón, donde estaba la línea de meta y desde donde nos trasladarían a Valdehuncar.
Durante el camino trote algo y parecía que el dolor disminuía y la articulación comenzaba a estar más flexible. Cuando llegue y conté mi problema a los Fondistas Moralos, entre ellos a Pedro, todos me dijeron que por probar no perdía nada, que si no me encontraba bien me detuviera, que el escoba me recogería. Y con esa intención subí al autobús junto a Mario en dirección a la línea de salida.
El ambiente en Valdehuncar era precioso, allí fui saludando a muchos conocidos, algunos expertos en estas pruebas y otros, que al igual que yo eran neófitos. La rodilla paso a segundo plano, me arrastraba el ánimo que recibía por parte de todos y las ganas de poder llevar a cabo el reto que llevaba tanto tiempo preparando. Con Toni, también primerizo, estuve quitándome la ropa de abrigo, colocándome el Mp3 y dando los últimos toques de Voltaren a la maldita rodilla. Calenté un poco con Pedro y me sentí bien y con muchas ganas. La foto, con el fenomenal grupo de los Fondistas Moralos, que gente tan estupenda no me cansare de repetirlo y dispuesto junto a todos a comenzar la prueba.
Fondistas Moralos.
Cronometro a cero y salida. La carrera comenzó muy lenta en el grupo de cola, donde yo como es lógico iba instalado. Poco a poco me fui animando y cogiendo ritmo, antes del primer kilometro susto. Al salir del pueblo y comenzar a recorrer los caminos de Valdehuncar pise un agujero que no me llevo a tierra de milagro, había que mirar para abajo al menos en la zona no asfaltada. Me encontraba bien, en mis oídos resonaban “El Barrio”, “Mana”, “Pretenders”, “Quenn”, “Estopa”, “Paul Simon”, ahora en frio pienso que me pudo la euforia de los primerizos. Llegue al cuatro en dieciocho y poco, a menos de cinco fenomenal, pero ya mi ritmo había decaído un poco, la euforia inicial pasaba y comenzábamos a subir la primera cuesta.
En esa subida ya me fueron sobrepasando los corredores más expertos, pronto giramos a Millanes y decidí tomarme ese tramo con relativa tranquilidad. Corría solo y además eche un ligero vistazo atrás y no veía a nadie en bastantes metros. La rodilla comenzaba a pesarme pero seguía concentrado en mi música y manteniendo un buen ritmo, lógicamente yo marchaba en el vagón de cola pero tenía la seguridad que detrás de mi cerraban la prueba un buen número de corredores. Llegue por fin a Millanes y recupere bien en la cuesta debajo de entrada al pueblo, pensando en que me quedaba lo más duro. Reposte en la volante aunque curiosamente, al igual que en el cinco, no tenía sed y mi cuerpo no admitía mucha agua.
Pronto llego lo más duro de la prueba, kilometro once e inicio de la cuesta de salida de Millanes, los primeros veinte metros muy empinados y después con mas suavidad pero picando siempre arriba durante más de un kilometro. Mi rodilla dijo que era mucho para ella, pero mi corazón me grito que tocaba sufrir. Ya no sonaba la música, el dolor podía con ella y en mi mente solo había una idea, “has de llegar como sea, pero has de llegar”. Baje el ritmo considerablemente y no lo aumente mucho cuando, tras coronar la cumbre, comencé la bajada. Me baje la rodillera para ver si las molestias remitían, pero fueron a mas, hubo que volver a subirla. En ese tramo, que teóricamente tenía que haber sido fácil, me sobrepasaron un buen número de corredores. Intente engancharme a alguno pero en cuanto intentaba subir el ritmo, de pulmones y piernas no iba mal, la rodilla me avisaba.
Entrando en Navalmoral.
Pronto llego el quince en las mismas puertas del hospital, ahí sí que me entro toda el agua con la reposte, pensé que ya no había opción a la retirada. Continúe tranquilo y más relajado, comencé a concentrarme otra vez en la música y esta ayudo a olvidar el dolor de la rodilla, que poco a poco mi cuerpo iba asimilando. Entre en el pueblo y pensé que estaba hecho, otro error, se me hicieron eternos esos kilometro por las calles moralas. Ahora sí que pesaban los minutos jugados el día anterior, yo no soy un superhombre. Con tranquilidad y apoyado en los ánimos que insuflaban los conocidos con los que me cruzaba por el pueblo, la ovación desde el balcón de Javier y Rosa me llego al alma, fui desgranando los últimos metros de la prueba. Gire en la rotonda de la “Morala” y divise la meta, ahora sí que ya estaba el trabajo terminado. Me deje llevar y al entrar en la recta de meta me lleve las más agradables sorpresas.
Mi amigo placentino Jose Emiliano, corredor ya experto, que realiza las pruebas junto a su mujer, que manera más bella de hacer deporte te envidio amigo, me esperaba unos metros antes de la llegada. Me emociono su ovación y sus palabras de aliento animándome a disfrutar de esos últimos metros. Ellos me habían pasado metros antes del quince y me invitaron a acompañarlos, pero decidí seguir a mi ritmo.
La megafonía canto mi numero y el locutor, creo que Felipe del Castillo, me reconoció y me alentó de manera personal. Mi alegría ya fue total cuando al cruzar la meta escuche el pitido con el que el chip te avisa que la prueba se ha acabado. Y en cuanto pare otro gran amigo y compañero del grupo DM se acerco para felicitarme e interesarse por mi estado.
Mire el crono y vi que había hecho 1´ 56´´ 47, mucho más de lo que creía podía hacer, pensé que por ser la primera y estar tan penalizado físicamente tampoco estaba tan mal. Por detrás de mí entraron aun una veintena de corredores, entre ellos Fernando Alfonso y Nacho que realizaban la carrera juntos. He de confesar que el artículo de Fernando Alfonso en el cual narraba sus vivencias de la media del pasado año fue el inicio de la idea de realizar la prueba.
Ya dentro del pabellón, tras refrescarme y abrigarme un poco, volví al seno del grupo de Fondista Moralos. Todos comentaban la carrera y sus vivencias, yo no fui menos. Pedro me indico que debía sentirme orgulloso por haberla terminado y que no tuviese mucho en cuenta el tiempo, que era la primera y con llegar era suficiente, el además había estado presente en el partido del sábado y sabia de mis mermas físicas.
Yo como todos los buenos deportistas soy exigente, y ya estoy deseando correr la próxima para comenzar a bajar mi marca. Seguro que lo hare y no voy a esperar al próximo año, la experiencia fue tan positiva que estoy ansioso por correr la siguiente media. Cuando el próximo diciembre repita la Valdehuncar Navalmoral espero llevar en mis piernas al menos dos o tres medias más.
Un saludo especial a los que se bautizaron como yo, en especial a Nacho, Toni y Juan, que realizaron una magnifica prueba. El próximo año seguro que volvemos a encontrarnos.